Coronavirus: angustia y ansiedad frente a lo imprevisto

                                                     Lic. Jesica Corredera. Psicóloga. Mat Prof. 668

Hay un cuento chino sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta.

                                     “También esto pasará”

Nos encontramos de un día para el otro, enfrentados a una situación que nos volvió vulnerables físicamentey emocionalmente,debimos aceptar el retraimiento como una forma de supervivencia, sin embargo, hoy no estamos aislados sino recluidos en nuestras casas por responsabilidad con nosotros y los otros, en nuestros hogares estamos con nuestra familia o con nuestras mascotas, con la música y los libros que nos hacen compañía y con los amigos virtuales.

Esto significa un gran desafío porque las personas existimos en los vínculos que establecemos con los otros, esos vínculos en los que desarrollamos nuestra vida.

Es posible sentir miedo ante una situación que se percibe como nueva y amenazante, es normal sentir frustración, una sensación de pérdida de libertad, de dificultad en llevar adelante proyectos y actividades personales, estamos obligados a ser pacientes y generar nuevos hábitos.

Podemos también experimentar enojo, tal como suele ocurrir cuando notamos la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto, así comola ambivalencia de sentir alivio por estar en casa. El hecho de no poder continuar con la propia rutina es un factor que desorganiza nuestra estructura; ya que perdemos la sensación de control.

Recordar lo transitorio de esta situación y la posibilidad de realizar otras actividades pendientes en el hogar es importante para utilizar recreativa y productivamente el tiempo, intentando mantener una rutina, estableciendo una serie de actividades para realizar durante el día, en función de esta nueva situación inventemos nuevas rutinas.

Inventemos espacios de charla con los niños, revolvamos las bibliotecas buscando libros que no leímos por falta de tiempo, cocinemos un nuevo plato con lo que hay en la heladera, hagamos ejercicios caseros con el mismo entusiasmo como si fuésemos al gimnasio, caminemos por el living imaginando un parque arbolado.

Para los que viven solos, también es una prueba. Lo mismo para los que están lejos de sus seres queridos. Les recuerdo que no es lo mismo vivir solo que estar solo, no es lo mismo distancia geográfica que distancia afectiva, por lo tanto, hoy nos distanciamos espacialmente pero no afectivamente.

Los niños y adolescentes están acostumbrados a vinculares a través de videojuegos y mensajes virtuales. Para ellos es más fácil hablarle a la computadora que a los adultos, y aunque no pueden salir a patear la pelota o andar en patineta, no por ello deben aburrirse.

Los niños saben o intuyen lo que ocurre a su alrededor, por lo tanto, no es conveniente mentirles u ocultarles la verdad; lo que requieren son palabras sencillas y tranquilizadoras que eviten pesadillas, miedos y fobias.

Debemos entender que, aunque esta situación nos genere angustia o ansiedad, estas son respuestas absolutamente esperables, que debemos afrontar y resolver, acudiendo a las herramientas emocionales que todos tenemos.

Es imprescindible que estas emociones puedan tramitarse identificándolas, aceptando y cambiando aquellas conductas que interfieren con el afrontamiento de esta situación, identificar implica observar y comprender nuestros pensamientos y emociones.

Por último, si alguien se siente nervioso, triste, ansioso o que la situación afecta alguna esfera de su vida, recurra a un profesional de la salud mental, con la finalidad de encontrar modos constructivos de manejar la adversidad.

 

Licenciada en Psicología Jesica Corredera