El dólar oficial marcó su valor más alto desde octubre de 2025

El dólar oficial subió por segunda jornada consecutiva y alcanzó su valor más alto desde octubre de 2025. Acumula un incremento del 5,4% durante junio, el mayor avance mensual registrado en casi un año, y es el tercer mes de 2026 que registra un alza, junto a abril y mayo.

La divisa trepó cerca de 5% en junio y superó a la inflación mensual. La menor oferta del agro, la demanda de empresas y el contexto externo explicaron parte de la presión cambiaria.

En el Banco Nación, el dólar oficial abrió este martes a $1.450 para la compra y $1.500 para la venta, con una suba de $5 con relación al último cierre.

Los analistas coinciden en que el movimiento del dólar responde a una combinación de factores externos y domésticos que modificaron el escenario cambiario observado durante gran parte del primer semestre.

El mercado financiero cerró junio con una suba del dólar cercana al 5%, por encima de la inflación estimada para el mes. El movimiento se dio en un contexto de mayor demanda de divisas y de una desaceleración en el ritmo de compras del Banco Central en el mercado cambiario, incluso durante el tramo final de la etapa de mayor liquidación del agro.

En el mercado mayorista, la divisa se negoció este martes a $1.485, el valor más alto desde el 24 de octubre del año pasado, cuando había alcanzado los $1.492. En tanto, en el Banco Nación, el dólar minorista llegó a $1.500 para la venta, también su nivel más elevado en ocho meses.

De todos modos, en el recorrido de 2026 el avance sigue siendo limitado: el tipo de cambio acumuló una suba de apenas $30, equivalente al 2,1%, frente a una inflación cercana al 16% en el primer semestre. Por eso, la discusión entre los analistas ya no pasa solamente por si el dólar continuará subiendo, sino por si logrará ganarle a los precios y dejar de ser una apuesta perdedora para los ahorristas.

Operadores del mercado consideraron que la tendencia era previsible y, en cierta medida, saludable para la plaza financiera. Según explicaron, la fortaleza del peso durante buena parte del año había complicado distintas estrategias de inversión.

Entre los factores que explican la suba aparece, en primer lugar, el cambio estacional en el ingreso de divisas. Tras el período fuerte de liquidación de la cosecha gruesa, el segundo semestre suele mostrar una menor oferta de dólares. En ese marco, podría reducirse la capacidad del Banco Central para absorber divisas, luego de haber comprado unos USD 11.000 millones en lo que va del año.

Otro elemento es la persistencia de una inflación elevada. Las tasas reales negativas reducen el atractivo de las colocaciones en pesos y presionan sobre los bonos del Tesoro. A su vez, los saltos abruptos en la cotización, como el observado en junio, funcionan como una señal de alerta sobre los riesgos de mantener un dólar quieto durante demasiado tiempo mientras los precios siguen avanzando.

También influyó la demanda habitual de fin de mes por parte de empresas y particulares. En la plaza cambiaria se detectaron compras de compañías del sector energético para girar dividendos al exterior, mientras que el cobro del medio aguinaldo sumó volumen a la demanda minorista.

El contexto internacional también aportó presión. El dólar se fortaleció frente a otras monedas relevantes y el índice DXY, que mide su desempeño frente a una canasta de divisas como el euro, el yen, la libra, el yuan y otras monedas, alcanzó los 101,2 puntos, su mayor nivel desde marzo de 2025. En lo que va de 2026, acumula una mejora del 3,2%.

A eso se sumó la depreciación del real brasileño, un factor relevante para Argentina por el peso del comercio bilateral. En junio, el dólar pasó de 5,04 a 5,19 reales, una suba del 3%. Desde el piso de 4,91 reales registrado el 12 de mayo, el avance acumulado fue del 5,7% en siete semanas.

En el plano internacional, el fortalecimiento del dólar a nivel global, impulsado por una postura más restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), generó presión sobre las monedas emergentes. El peso argentino acompañó esa tendencia, al igual que otras monedas de la región, como el real brasileño y el peso chileno.