Por Robert Lizarraga
El fuego ha sido utilizado por la humanidad desde hace milenios, como lo demuestran estudios paleoecológicos, basados en carbón vegetal y polen. Sin duda, los primeros homínidos eran conscientes de los incendios en la naturaleza, y con el tiempo el fuego se incrustó en el comportamiento humano.
Hoy es evidente que el control de incendios ha tenido un impacto importante en el curso de la evolución humana, incluida nuestra biología, pues nos ha ayudado a proporcionar una dieta de alta calidad.
Lo que hace diferente el manejo tradicional del fuego a los actuales incendios, es la magnitud y la intención. En los últimos años, pero de manera especial en 2019 y 2020, los incendios en América del Sur han alcanzado niveles dantescos, y han tenido la intención de convertir ecosistemas naturales o zonas dedicadas a la producción soberana de alimentos, en territorios monopolizados por el agronegocio.
Esta actividad incide en los incendios de dos maneras, de una manera directa, pues los provoca con el fin de degradar ecosistemas con valor ecológico para luego ocuparlos. El caso más dramático es el del llamado “Día del Fuego”, convocado por el agronegocio para propiciar su expansión en la Amazonía brasileña, e indirectamente destruyendo de tal manera el equilibrio ecológico de los ecosistemas, que fuegos causados o espontáneos son muy difíciles de controlar, lo que se exacerba con el cambio climático.
Frente a esta tragedia, varias organizaciones de América del Sur exponen sus preocupaciones sobre el incremento de los incendios en bosques, humedales y otros ecosistemas naturales, y su relación con el agronegocio.
Estudios muestran cómo la expansión del monocultivo de la soja, la ganadería, la industria camaronera y la ocupación inmobiliaria se hacen a costa de bosques amazónicos y secos tropicales, humedales y otros ecosistemas naturales, son la principal causa desencadenante de los incendios ocurridos en el año 2020, en plena pandemia del COVID-19.
Estos grandes incendios han tenido un efecto en la vida de diversas comunidades, incluyendo aborígenes y asentamientos de la reforma agraria (en el caso de Brasil), pueblos indígenas, comunidades de pescadores artesanales (en el caso de los humedales); siendo uno de los casos más dramáticos el de las comunidades en aislamiento voluntario; pobladores ancestrales del Gran Chaco, donde el agronegocio avanza agresivamente sobre su territorio tradicional, haciendo uso del fuego.
Hay muchos responsables por estos incendios, incluyendo los grandes complejos de soja, ganadería, madera e infraestructura asociada (puertos, carreteras, ferrocarriles). Los actores de la cadena de la carne, la industria camaronera, las instituciones financieras internacionales, supermercados, cadenas de comida rápida, muchos además cuentan con la complicidad de los gobiernos locales y nacionales, por lo que son todos estos los responsables directos o indirectos de la destrucción.
Es importante que tomemos conciencia de esta realidad para que desde cualquier lugar en el que estemos, demandemos que cesen los incendio asociados a la expansión industrial. Hoy más que nunca, desde este espacio, presentamos respeto y apoyo por los habitantes de la Patagonia, quienes se encuentran atravesando una situación dramática debido al fuego.
Por Robert Lizarraga
Fuente: biodiversidadla.org










