La semana empezó con alertas naranjas y amarillos en gran parte del territorio, sobre todo en la franja central del país. Llovió, hubo una fuerta actividad eléctrica y en algunas localidades como Ingeniero Luiggi, las calles terminaron anegadas.
Para este miércoles no hay alerta ni se esperan tormentas fuertes, es más, será una jornada agradable y soleada.
En tanto este jueves y viernes vuelve la inestabilidad y se esperan tormentas durante las dos jornadas.
Además avanza un frente fío en el centro y en el norte del país. También avanzó un ciclón en el sur patagónico. El verano empieza a retirarse y se empiezan a registrar ciertos rasgos de la temporada más fría. Ese frío, que si bien no termina de tener impacto en el día de hoy, sí va a estar gestando una activación de distintos tipos de alertas meteorológicas para los próximos días.
De esta forma van a empezar a encadenarse diferentes episodios que van a derivar en mal tiempo sobre todo en el centro y en el norte del país para la segunda quincena de marzo. Estas situaciones podrían derivar en lluvias acumuladas de 200 mm en muy pocos días en algunos sectores del territorio de provincia de Buenos Aires, también en Córdoba y en el sur del Litoral. Esto sería casi dos o tres veces más de lo que se espera que llueva en todo el mes de marzo.
Desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticiparon que hoy las condiciones se van a mantener estables en todo el país. Hay un pequeño alerta amarillo para la zona de la Cordillera que involucra a Neuquén, Río Negro y Chubut. Con respecto al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y a la región Pampeana, las temperaturas van a ser agradables, pero con la amenaza de lluvias entre el jueves y el viernes.
Vuelven los alertas
Aunque no sería solo lluvias, vuelven los alertas amarillos por tormentas potencialmente severas para la mayor parte de la provincia de La Pampa, Mendoza, Río Negro y el sur de Buenos Aires. Un alerta amarillo siempre indica la posibilidad de que se generen fenómenos meteorológicos que podrían llegar a tener capacidad de daño y el inminente riesgo de que se interrumpan las actividades cotidianas.








