El Senado sancionó anoche el Presupuesto 2026, tras más de ocho horas de discusión, y el Gobierno libertario ya puede mostrarle al mercado, en el inicio de la segunda parte del mandato de Javier Milei, un plan de gastos avalado por el Congreso, con votos de sobra. Un tema no menor, aunque dentro de poco -en febrero, si hay extraordinarias; o marzo, en el período ordinario-, el oficialismo deberá lidiar con un desafío mayúsculo en la Cámara alta: la reforma laboral.
Durante la definición en general del proyecto, el mismo obtuvo 46 adhesiones a favor -con dos más, llegaban a dos tercios, ya que estaban todos presentes-, 25 rechazos y una abstención. Lo más importante fue la votación en particular de la iniciativa, que también avanzó y, de esta manera, la ley será promulgada. Es decir, hubo guiños en todos los capítulos, incluido el segundo -por el artículo 30-, criticado por la oposición por eventuales recortes en diversas áreas de educación. Consiguió 42. Más que suficiente y hasta en sintonía de «paliza
El plan de gastos e ingresos para 2026 prevé un crecimiento económico de 5% del Producto Bruto Interno (PBI); inflación anual de 10,1%; y un dólar que para el Ejecutivo rondará, en diciembre del año que viene, $1.423. Según la Casa Rosada, el superávit primario será de 1,5% del PBI; el financiero, de 0,2%. Además, se estiman que las exportaciones se incrementarán 10,6%.
Debate en el recinto
Como miembro informante de La Libertad Avanza, el exjefe del oficialismo en el Senado -ahora es Patricia Bullrich- y titular de la comisión de Hacienda, Ezequiel Atauche (Jujuy), aseguró: «En los últimos 13 años no se había podido cumplir un Presupuesto que tenga un déficit cero y es muy importante generar confianza interna y externa. Eso es algo que este país no tenía hace mucho tiempo».
El legislador recordó la situación que se encontró Milei en el poder central, como el riesgo país «encima de 1900 puntos» y un «30% de deuda pública con vencimientos a un día», la que calificó de «una bola de intereses que se pudo desarmar con mucho esfuerzo». Luego, sumó el escenario de pobreza e indigencia y cómo la Casa Rosada sacó, siempre según Atauche, «a más de 10 millones de personas» de esa realidad.
Ante las dudas que surgieron por el artículo 12 -potestad de reclamar información a universidades para determinar ciertos gastos o envío de fondos-, Atauche fue tajante: «El mismo se presentó tanto en la época de los Kirchner como de Macri y hoy lo volvemos a incluir en el Presupuesto».
Desde el interbloque kirchnerista, el primero en responder fue el exgobernador chaqueño Jorge Capitanich. Apuntó a cuestiones políticas y, sobre todo, técnicas. Muy pocos le prestaron atención. Su discurso se extendió hacia bifurcaciones diversas y, en el tramo final, erró en una frase del Martín Fierro -José Hernández-, entre otras obras literarias que mostró «Coqui» como guía moral. Sí habló de «coacción y coerción a las administraciones provinciales y municipales» a la hora de la discrecionalidad para derivar recursos.
Más concreto fue el peronista pampeano Pablo Bensusán. Para graficar una preocupación sobre las transferencias a cajas previsionales -dijo que es «el mismo importe asignado para 2023»-, expresó: «Se establece, como anticipo a cuenta, sólo para aquellas provincias que tengan un déficit reconocido, provisorio o definitivo correspondiente al ejercicio 2021 o posterior». Es decir que, de las 13 en esta zona, sólo su distrito sería el beneficiado.
Desde la Unión Cívica Radical (UCR), el bonaerense Maximiliano Abad manifestó que «un Presupuesto aprobado es indispensable para el funcionamiento de la República y para recuperar credibilidad institucional». No obstante, denostó el artículo 30. En ese sentido, señaló: «Lo llamo ‘escoba’, porque barre los pisos de inversión en educación y ciencia previstos por ley. Un piso que no se alcanza sigue siendo una referencia y un rumbo a seguir».
Según la senadora Patricia Bullrich, el Presupuesto 2026 «no improvisa, no engaña y no promete lo que se no se puede cumplir». Después, conjeturó que «no había margen para la tibieza», que «había que ir a fondo, animarse», y que «gobernar no es prometer», sino «decidir cuando duele». Y culminó: «El superávit no es una meta circunstancial, es una regla. El déficit es la línea roja que separa el futuro del desastre».








